miércoles, 6 de mayo de 2015

LOU ANDREAS SALOMÉ. EROTISMO CON ALMA DE MUJER

Por: Clara Restrepo


En el tiempo transcurrido de esta cultura moderna y contemporanea hemos sido testigos de el silencio que se ha ceñido sobre el pensamiento femenino, y más aún si el tema a tratar es la sexualidad y el erotismo. Es por eso que queríamos traer a este blog una figura femenina, conocida en el ámbito psicoanalítico y muchas veces relacionada con los grandes pensadores filósofos y psicólogos del siglo XIX en la figura de amante.
Una mujer que se atrevió a pensar y expresar sus ideas, una psicóloga del femenino con su propia visión, no solamente forjada por años de estudio e investigación sino también con la experiencia de su propia vida. Nos ha llamado fuertemente la atención la visión que da sobre la sexualidad y sobre el erotismo, dado que coincide mucho con la visión de la Escuela Neijing a propósito del Soplo Espiritual Sensible y sus estadios evolutivos. 
A casi 6 meses del próximo Congreso de Inspiración Femenina sobre: "Universo Sexual Humano" creemos que los aportes de esta excepcional mujer en torno a la sexualidad pueden darnos muchas pistas sobre la función de la sexualidad y el erotismo en lo Femenino. 

Lou Andreas Salomé (1861-1937) es una de las figuras indispensables en el tema de la mujer, ella encarna la voz y el pensamiento femeninos en el medio intelectual, el cual siempre había estado gobernado por los hombres. Nacida en San Petesburgo, perteneciente a una familia aristócrata alemana e interesada en el pensamiento de Schopenhauer y en el ateísmo, con su libro El erotismo, que es una recopilación de varios ensayos como son: “El ser humano como mujer”, “Reflexiones sobre el problema del amor”, “El erotismo” y “Psicosexualidad”, pone en la mesa los planteamientos culturales sobre la condición femenina. 

Uno de los temas que más interesó a Lou fue el instinto sexual, ya que ella había publicado su libro “El erotismo” un año antes de conocer a Freud, quien confirmó muchos de los hallazgos obtenidos por Lou independientemente de sus propias investigaciones; según Lou, la sexualidad era una necesidad física como el comer. Además, para Lou, el amor sexual, la creación artística y el fervor religioso son tres aspectos  distintos de la misma fuerza vital; el símbolo de este triple aspecto de la fuerza vital  es la triple función de la mujer como amante, madre y virgen. En ocasiones olvidada y opacada por su vínculo, no sólo intelectual sino también emocional, con personajes cruciales para la cultura occidental como Nietzsche, Rilke y Freud, Andreas Salomé no sólo fue la musa de estos pensadores, sino que ella también dio muestras de poseer voz propia. De esta manera en el presente ensayo en base a la postura de esta filósofa se analizará: en primer lugar la concepción de lo erótico, después se hará la diferencia entre el erotismo masculino y el femenino para explicar este último y finalmente se hará un estudio sobre la mitificación de la maternidad y la virginidad con el fin de remitificar y observarlos desde una visión femenina...

Salomé menciona que debe de observarse una doble característica de lo erótico ya que se debe de estudiar por un lado como “un caso especial dentro de las relaciones psíquicas, físicas y sociales, y no sólo como algo autónomo”, y por otro, menciona, se debe observar como estos tres campos se relacionan dando a lugar a un mismo problema. Es por eso que la filósofa rusa anuncia la paradoja de que lo erótico se encuentra tanto en lo individual como en la relación amorosa y tanto en lo corporal como en lo espiritual, de manera que hace mención de los procesos eróticos, que llevan al individuo a pasar de una estancia pasiva en la que nuestra condición egoísta e individualista hasta el nacimiento del interés de entender al otro. Es decir que primero el ser en su etapa individual está en busca del cambio, y la infidelidad es lo que alimenta su erotismo; pero al asumir conscientemente el erotismo en la forma espiritual el individuo se encuentra con un otro que le hace encontrarse con su propia otredad y así asentarse en una estabilidad que ya no es monótona sino que le permite reorganizarse. Salomé se acerca de esta manera a la idea oriental de erotismo, según la cual cuerpo y espíritu forman una dualidad necesaria, razón por la cual lo corporal resulta inagotable y siempre ofrece nuevas posibilidades. El erotismo es presentado como un acto ligado al amor, no diferente de este y por lo tanto no sólo visto desde una postura sexual, sino desde una postura humana. Esta visión no meramente física de Salomé no presenta por lo tanto, al erotismo como un adorno que acompaña las relaciones sexuales; sino como la posibilidad de “abrirse un camino, un camino espiritual, a través de las trabas corporales para llegar a un cierto paraíso perdido”. El amor es necesario para llegar a experimentar el erotismo con una mayor fuerza, porque es entonces cuando el individuo se abre al otro, entonces la plenitud se hace mayor porque se está llegando no sólo a conocerse más a sí mismo sino también al otro individuo: “Amar significa en su más auténtico sentido: saber de alguien”. 


Se podría definir al erotismo como algo universal, pero eso sería simplificarlo a una lógica que negaría la experiencia subjetiva. De ahí que los afectos eróticos masculinos se diferencien de los femeninos, no sólo como consecuencia de las obvias diferencias fisiológicas, sino también como una consecuencia de su propia physis. El hombre está más desligado a su interioridad, ya que está siempre preocupado por el “afuera”, de manera que deja a un lado el amor y el erotismo, al ambos requerir de un autoconocimiento interno. Y estos dos elementos existen siempre en la mujer, puesto que ella está siempre en contacto con su ser, “el mayor poder de concentración en el terreno del amor, la permanente relación plena a lo único, por la que el varón se afana en otros campos, la ofrece a la mujer en un punto de supremo valor que la sitúa por encima del varón”. En cuanto a que el hombre mide su éxito por sus logros externos, la mujer se valora a sí misma tanto a nivel externo como interno. En ella existe la idea de que la belleza espiritual y corporal están ligadas, así como que la experiencia sexual no sólo es símbolo de coito sino de una compenetración que va más allá de lo tangible. Salomé menciona que es entonces cuando se llega a la paradoja de que la mujer es debido a su condición sexual, menos sensual que el hombre. Esto se explica puesto que para la mujer no es tan fácil llegar a una satisfacción momentánea de su sensualidad con el sólo uso de su cuerpo, es decir que para ella es necesario establecer ciertas conexiones entre su cuerpo, sus demás pasiones y su espíritu. “Ella vive lo erótico de otra forma, su physis y su psyché lo reflejan de forma distinta y por ende debe ser juzgada con criterio distinto […]”.

Desde luego, esto se debe a que la mujer está, como ya se mencionó, más conectada con su interioridad pero lo que Salomé no considera, es el condicionamiento sexual femenino llevado a cabo por la sociedad patriarcal que se estableció siglos atrás; de manera que queda sin respuesta la pregunta de que si el erotismo femenino es diferente al masculino debido solamente a esta comunicación espiritual o si no influyen también las costumbres sociales. Aunque lo que esta filósofa si deja claro es que en esta unión en ocasiones se olvida que la mujer es un ser autónomo y que las relaciones sexuales no son sino la compenetración de dos seres autónomos; por lo que es necesario para la mujer el autoconocimiento, tanto a nivel corporal como espiritual, ya que sólo esto la podrá llevar a compenetrarse amorosamente y concentrarse en sí misma. En cuanto a la diferenciación fisiológica, Salomé menciona que a diferencia de la célula sexual masculina, el óvulo se muestra como algo cerrado, que no se abre al exterior; y esto se debe a que en sí mismo él posee un todo. “Y justamente por eso la armonía intacta radica tan elemental y primitivamente en lo femenino: esa seguridad y colmación del círculo, esa plenitud y compactitud […]”. Desde luego, no se está negando la importancia del aporte masculino en la concepción, sino que lo que pretende es eliminar la vieja idea según la cual lo femenino es símbolo de pasividad y lo masculino de actividad. Así que tanto el hombre como la mujer son sujetos partícipes en la concepción, el cual posee tanto células paternas como maternas. Pero la diferencia de las células radica en que el esperma es la que posee más movimiento, mientras que el óvulo es la célula más grande, pero que está diferencia fundamental ejemplifica la esencia de cada sexo, siendo la aportación de cada uno de igual valor.


La sociedad ha impuesto desde siempre trabas a la sexualidad femenina, las ideas máximas de erotismo amoroso en la mujer se definen con los mitos de la maternidad y la virginidad. La maternidad es vista como consecuencia del acto de amor y como sumisión de la mujer que se sacrifica para dar vida y la virginidad como esa pureza en la que la mujer debe ser resguardada para así evitar el contacto con su propia sexualidad. Salomé pone como ejemplo de esto el hecho de como el símbolo del amor se ha fijado en la figura de la Virgen o Madonna, con lo cual demuestra como la sexualidad es sometida al decreto de lo religioso, para después demostrar como se compara esta condición de virginidad con la de una prostituta puesto que en ambas está “la entrega sin elección, incluso sin placer, es decir la entrega a unas motivaciones sexuales externas”. Además muestra como la virgen-madre es vista también tan sólo como una portadora, y es por lo tanto un símbolo de una pasividad “que tanto sirve para degradar los sexual como para explicarlo”. Sin embargo, como ya se mencionó, la autora no critica la maternidad, sino que la ve como la posibilidad de una fuerza femenina, una fuerza creadora y menciona que la mujer transforma el placer sexual en un “hacer”, puesto que está haciendo vida. Así como tampoco el gozo de saberse virgen, ya que menciona que “la palabra ‘pureza’ y otras semejantes, no denotan algo negativo, sino todo el esplendor y todo el señorío sobre un mundo al que muchos consideran parcialmente cuando lo hacen […] con los ojos de un hombre […]”. Es decir que lo que Salomé pretende es remitificar, al hacer evidente que la mujer en su virginidad es poseedora de su propio misterio y ella tiene la decisión de cuando develarlo, y así ella se convierte en dueña de sí misma. Así como también demostrar a la maternidad como una fuerza que hace que el mundo de la mujer se transforme, pero en este caso este acto también debe estar ligado a su libre decisión y se debe de dejar de ver como un acto meramente pasivo en el que es el hombre el que engendra y pone su semilla en un cuerpo con el fin de concebir. La aportación que se hace es que la mujer debe vivir su sexualidad en todo su ser, en el más amplio sentido. 


En conclusión, debemos decir que Salomé no es una feminista radical, sino que lo que ella pretende hacer con estos ensayos es hacer ver a la mujer como un ser autónomo y conciente de su sexualidad. Ella no niega la aportación masculina, sino que más bien hace caer todos los viejos presupuestos según los cuales lo femenino es símbolo de pasividad y no de actividad creadora. Además de que destruye los viejos mitos sobre el erotismo femenino, al hacer evidente como la mujer es libre de conocer su fuerza espiritual para así vivir más libremente. Así la figura de Salomé no sólo es la de la amante-musa de aquellos hombres de genio, sino que es la de una mujer segura de lo que es y con plena convicción de lo que pueda llegara a ser. Salomé ofrece una visión espiritual de la unión sexual, puesto que la considera una “comunidad de vida” sin reducirla a la concepción ni a la unión social del matrimonio, y afirma que el amor es tan sublime que sólo puede ser alcanzado por algunos seres excepcionales. Así ella liga al erotismo con el amor y considera que este último no puede buscarse en lo inmediato, ni en lo banal, sino que es una ardua tarea en la que ambos, mujer y hombre, deben trabajar para lograr una “religión entre dos”.

sábado, 14 de marzo de 2015

¿POR QUÉ LOS HOMBRES SE VAN DE PUTAS?

Por: Ana Barrios Camponovo



Nos ha gustado este artículo sobre el fenómeno de la prostitución, porque está basado en un estudio de campo sociológico que, creemos, es bastante representativo de las creencias que, en pleno siglo XXI, siguen preponderando en los hombres de  nuestra sociedad. Como vemos en la frase del famoso cantante argentino, Fito Páez, la hombría está muy condicionada por las creencias sociales y culturales.










Octavio Salazar, 
Profesor Titular de Derecho Constitucional, 
Universidad de Córdoba



El pasado 10 de marzo se presentaron en la Facultad de Derecho y CC. Económicas y Empresariales de la Universidad de Córdoba los resultados del estudio que con el título “Masculinidades y consumo de prostitución en Andalucía” ha realizado un grupo de sociólogos de la Fundación Iniciativa Social por encargo del Centro de Estudios Andaluces (http://www.centrodeestudiosandaluces.es/). En dicho estudio se recogen las opiniones de más de 40 hombres andaluces, de entre 18 y 70 años, consumidores de prostitución, y que han sido agrupados en cinco categorías: propietarios rurales, trabajadores manuales, empleados urbanos, jóvenes metropolitanos y homosexuales urbanos.  


viernes, 30 de enero de 2015

"LOS MUXES" EN MÉXICO SON CONSIDERADOS UN TERCER GÉNERO

Por: Vickyvananda

En México, en la población zapoteca, en el Itsmo de Tehuantepec, Oaxaca, existe un grupo de varones llamados "muxes" que son considerados como un tercer género y que forman parte del espectro de la diversidad sexual y de la cultura occidental. Son personas nacidas con sexo masculino que asumen roles femeninos en cualquiera de los ámbitos social, sexual y/o personal.

En una familia tradicional, "el muxe" es para su madre el mejor de sus hijos. En una sociedad donde la mujer trabaja fuera del ámbito doméstico, el hijo muxe se vuelve un elemento valioso para su vida productiva. Él se ocupará de realizar las tareas relacionadas con la reproducción de la vida familiar: cuidar a los niños y a los ancianos, limpiar la casa y el patio, dar la comida a los animales, cocinar para la familia, etc. Cumple la función de "dador de atención" como la de la hija soltera en el modelo familiar mestizo. Además aportan sus ganancias para sustento de la familia y cuidan del bienestar de los familiares.  
Nunca abandonan a los padres en la vejez y en las enfermedades. Los hijos heteresoxuales se casan y van a formar otro núcleo familiar que necesita cuidados. El hijo muxe se queda con los padres, aun cuando se junta - por temporadas - con un compañero. Por lo general, el padre no se regocija de tener un hijo muxe, la madre va mediando y el padre lo acepta como algo irremediable.
En edad madura, si la madre se queda sola por abandono, viudez o porque ella decide separarse, el hijo muxe  viene a llenar el vacío de afectividad y atención por un marido ausente y por los otros hijos que casándose se han ido.
Los muxes, al igual que las mujeres, habiendo cumplido con la costumbre y las expectativas sociales, adquieren prestigio social y a la muerte de la abuela y de la madre -en muchos casos- heredan su autoridad moral, volviéndose un elemento unificador de la familia.
No es raro ver a niños muxe de entre 7 y 10 años, acompañando a la mamá a vender en el mercado, aprendiendo a bordar, etc. 
A menudo un pariente o vecino "muxe" se presta con gusto a abrir el prepucio a un niño, desvirgar un muchacho y enseñarle juegos amorosos y en general el arte de la seducción según el modelo cultural tradicional. Los adolescentes no tienen acceso a las mujeres ya que la virginidad se considera "la etiqueta" de la mujer que le da la garantía a la pareja a la hora de contraer matrimonio.  
Las prostitutas para los varones son de difícil acceso por razones económicas y porque en general la comunidad no acepta a quién anda en los burdeles a temprana edad. Mientras las mujeres no tienen posibilidad de experiencias sexuales antes del matrimonio, los varones tienen en cambio la posibilidad y facilidad de aprender y practicar todo lo relacionado al sexo a través de las enseñanzas del "muxe". Inclusive algunas madres pueden estimular el apareamiento temporal de su hijo con un muxe, buscando postergar la relación heterosexual estable que implica un distanciamiento económico y afectivo.
Las prácticas homosexuales en los varones adultos, muy frecuentes sobre todo en estado de ebriedad, no son considerados signos de homosexualidad, sino más bien afirmación de masculinidad y machismo en tanto que el hombre sea la parte activa en la relación.
Los casos de pareja estable entre homosexuales son contados. Cuando por un tiempo se da una relación más estable se tiende a legitimarla con un "matrimonio". Se hace una gran fiesta con los amigos, él de frack, ella con vestido blanco de novia con su tocado de tul y el ramillete de flor en las manos.
Según los antropólogos e historiadores Patlán, Dávalos y Miano, la homosexualidad fue practicada desde la época prehispánica.
Muxe es un término que sólo se aplica y se tolera para los hombres que se visten de mujeres, ya que las mujeres homosexuales “no son bien vistas debido al estatus patriarcal que esta comunidad aún conserva. El matriarcado es matrifocalizado a las labores y cuestiones del hogar, nada más. No tienen decisiones respecto a su propio cuerpo o su sexualidad”. 
        
Los muxes han salido de sus pueblos a formar parte de la globalización a la ciudad de México y a los Estados Unidos de Norteamérica principalmente, en donde se relacionan con homosexuales y transexuales. Esta migración les ha llevado a padecer sobre todo VIH, que según las estadísticas la padece el 6% de la comunidad, además de las patologías que se presentan por tratamientos hormonales,  cirugías de senos, nalgas, piernas, dietas, etc. así como la homofobia que no existía hace 2 décadas.
Según Marianella Miano Borruso, la vida de los muxes en las sociedades zapotecas está lejos de ser un paraíso, ya que la aceptación social “no está libre de contradicciones y de formas de marginación y violencia”.
Los muxes a partir de elementos culturales propios han construido su propio estilo de vida, con lo cual son “sujeto y actor de la historia mundial”.